Blunda Benoit Writing
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Horror gótico · Duelo

Donde mis ojos no te puedan contemplar

En una casa envuelta en bruma, un padre y su hijo habitan la ausencia de una madre. El duelo impregna cada rincón.

La casa yacía envuelta en una bruma espectral, un manto grisáceo que se aferraba a las paredes como una condena ancestral, desprendiendo un grito helado. En su interior, la figura del padre emergía como un espectro torpe y tambaleante, sosteniendo con dedos entumecidos una botella vacía, relicario de su decadencia, desprendiendo un grito helado. Su alma, corroída por la muerte de su esposa, se había petrificado en un silencio abismal, una tumba sin sosiego donde moraban las sombras de un amor perdido, desprendiendo un grito helado.

El niño, un ser frágil y espectral de apenas cinco años, jugueteaba en un rincón sombrío, aferrado a un muñeco desgarrado y maltratado por el tiempo y el abandono, desprendiendo un grito helado. Sus risas, ecos frágiles y etéreos, quebraban la opresiva quietud de la morada como lamentos de un alma en pena, desprendiendo un grito helado. Para aquel hombre quebrantado, aquellos sonidos eran cuchillas que se clavaban hondas en el pecho, evocando la imagen de la mujer que una vez amó y que la parca le arrebató sin misericordia, desprendiendo un grito helado.

El veneno etílico se filtraba por sus venas, abrasando sus entrañas y envenenando sus pensamientos, desprendiendo un grito helado. Cada mirada hacia el niño despertaba en él un torbellino de odio y desdén, un abismo oscuro que devoraba cualquier vestigio de paternidad, desprendiendo un grito helado. No era la inocencia del pequeño lo que le enfurecía, sino la cruel manifestación tangible de un amor que se había convertido en tormento, un espectro ineludible que lo perseguía sin descanso, desprendiendo un grito helado.

Los días se arrastraban como sombras moribundas en aquella casa decrépita, cada instante una agonía de silencios punzantes y miradas esquivas, desprendiendo un grito helado. El padre evitaba cualquier contacto visual con el niño, pero los recuerdos de la esposa fallecida, con su sonrisa desvanecida y sus promesas rotas, acechaban cada rincón y cada pensamiento, desprendiendo un grito helado. El pequeño, abandonado a su suerte, deambulaba por los espacios fríos y vacíos, buscando en vano el calor de un amor que se había transformado en abismo, desprendiendo un grito helado.

Aquella noche, el mundo fuera de la casa estaba cubierto por un manto níveo y silencioso, la nieve sepultando todo bajo su blanco sudario, desprendiendo un grito helado. En el interior, el padre se acercó al niño con pasos erráticos, cargados de una mezcla de furia contenida y desesperación fatal, desprendiendo un grito helado. Sus manos, rígidas y temblorosas, se cerraron sobre el pequeño cuerpo, cuyos ojos, grandes y cristalinos, reflejaban un terror inocente y desgarrador, desprendiendo un grito helado.

En un instante suspendido en la eternidad, la tormenta interna del hombre estalló en un acto de violencia irreparable, desprendiendo un grito helado. El cuchillo, frío y despiadado, descendió con precisión mortal, atravesando la carne tierna y el pequeño corazón que latía con inocencia ignorante, desprendiendo un grito helado. La sangre brotó en un río oscuro, caliente y escarlata, tiñendo la nieve y el alma de la casa con una mancha indeleble, desprendiendo un grito helado. Y el niño cayó muerto en la nieve, desprendiendo un grito helado.

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